23 de Enero de 2008

C_2

Hoy, hace DIEZ años, Cristina volvió a nacer sin darse cuenta nadie.

Fue una de esas reencarnaciones que todo el mundo celebra sin saberlo y en silencio. Cada uno se siente feliz a su modo, de repente, y sin ninguna razón aparente: simplemente sonrien mientras hacen sus cosas rutinarias: están frente al ordenador, van de casa al trabajo, suben el volumen de la radio del coche… o dan una clase de música a las 8:25 de la mañana.

Todos, menos yo, que maldigo a esa profesora que habla de cómo reconocer los instrumentos, como si su cotidianidad me interesara, como si  esa sonrisa celebradora en silencio de la reencarnación de Cristina tuviera algo que ver con la guitarra… La odio porque me hace estar allí, oyéndola, sobre mi pupitre verde, en la sexta fila pegada a la pared de la derecha.

Tan temprano, tan despierta… y todo el mundo con esa sonrisa bobalicona en su rostro… Puri hablando convirtiéndose en ese ruido de fondo molesto, mientras yo escribo tu nombre en mi pupitre:

“CRISTINA”, “CRISTINA”…

Si fuese religiosa no maldeciría a la que me hace odiar la música clásica e iría a rezar en silencio, a la luz de mi pupitre, el único que me entiende en estos momentos… pero como no lo soy, tan solo repito tu nombre sobre mi único confidente… sobre mi único color…

Las agujas del reloj se mueven con pereza, Puri habla de una forma totalmente ininteligible y bajo… y tú, desde algún lugar de tu sueño, te sientas a mi lado, ¿o soy la que me acerco a ti? y entonces vuelvo a escribirte en mi pupitre lleno de flores y de luz:

“CRISTINA, CRISTINA, ¿ME OYES?

ESTÁS VIVA.

y tu sonrisa hace que nos reencarnemos todos cada día”

Nadie se ha expresado aún

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