Tostadas con aceite

Yo creo que todo debería resolverse desayunando.
Es el mejor momento del día, tú vas, te sacas la tostada, el aceite, el tomate… el jamón si estás generoso, la miel si estás dulce. El café, un buen te ¡un zumo de naranja! y te deleitas comenzando y estrenando una nueva jornada.
Puede salirte bien el día, decidir si faltar a clase, coger la agenda y decidir echarte una siesta, o llamar a alguien luego… y a esa hora y con el sabor amargo (en mi caso muy dulce) del café el día tiene muchas más horas, esa persona estará disponible para ti, la reunión saldrá genial, escribirás y te escribirán un mensaje bonito. Encima están las sorpresas, esa amiga que entra en tu habitación con ganas de salir, esa visita inesperada.
Creo que no le damos la suficiente importancia al desayuno. Simboliza también el descanso en el trabajo, o en clase a media mañana. Fantástico si cierra una noche larga y buena, siempre se puede pensar que ese desayuno se repetirá en la merienda… merendándose a la misma persona.
La residencia de estudiantes en la que estuve unos años era tan cara porque los domingos por la mañana de 10-12 había un desayuno especial. Había cruasanes con chocolate. Cogías el cruasán, lo abrías, cogias la tabletita de chocolate, la partías y la metías cuidadosamente en el cruasán. Luego ibas con tu plato a la gigantesca tostadora (dimensionada para albergar 115 cruasanes un domingo por la mañana) y lo metías. Te quedabas al lado oliendo y anclando ese aroma para recordarlo tal día como hoy a esta hora. Tenía su punto y todas lo sabíamos, y todas estabamos allí pacientes, esperando que el chocolate estuviese derretido justo en su medida perfecta. Crujiente por dentro y derretido por dentro. Algunas aventajadas habían puesto mantequilla antes (esas son las que daban mala fama a la residencia) y el mejor momento era el saborear esa maravillosa espera.
Era gracioso como todas las especies de la residencia se juntaban puntualmente los domingos por la mañana. Allí estaban algunas medio en pijama, otras con la medio resaca, otras que llevaban horas estudiando, otras con las medias descalzas y el rimel corrido que habían resistido de fiesta hasta esa hora solamente para irse a la cama tras desayunar. Yo creo recordar que hubo algún día que me puse el despertador para ir a desayunar y luego me fui a la cama de nuevo.
Pero me quedo con el desayuno que pone fin a una buena noche y a una buena compañía. Hoy he ido a trabajar y mi jefe se ha quedado mis llaves. Resulta que no he podido entrar hasta que él ha venido (como no tengo movil, no tengo su número) y me he tomado un desayuno de una hora (en el Aldaba de nuevo). Tostadas de pan de centeno, tomate, el periódico, algunas notas en mi cuaderno, algunas canciones, otra vez el periódico… he madrugado hoy sólo para desayunar: me encanta.
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Una opinión
1.
Treegom escribió un 05 de Noviembre de 2008 a las 15:00
Tooooooda la razón del mundo.
Hay veces que desayunaría por la mañana, por la tarde y por la noche, pero no siempre puedo, jejeje…
¡Un abrazo!